#41.Cáliz

Y me diste de beber de nuevo de tu elixir maldito, ese que al mismo tiempo que odiaba, tan fuertemente me saciaba. Me lo presentaste en un hermoso cáliz, con gemas preciosas. Lo malo de todo eso, es que pasaba desapercibido el contenido acuoso, que en su interior contenía.

No me daba cuenta, pero a la misma velocidad con la que bebía, me tragaba mi orgullo y mis lágrimas, porque en efecto, ese líquido existente dentro de aquel dichoso cáliz, eran mis lágrimas hechas mares.

La primera gota que atravesó mi garganta actuó dentro de mí, como si de mil puñales se trataran, desgarrándome por dentro, sabiendo que me estaba auto destruyendo, sólo por el simple hecho de no cometer un crimen.

En ese maldito cáliz se contenía mi vida, que en tan sólo un pequeño instante se desvanecería. Sabías que al darme esa copa disfrazada de tregua, tú ganarías esta guerra, en la que uno de los dos caería.

Tú ganaste la guerra, con un simple cáliz, tú me ganaste la guerra.

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