#33.Tu Ángel de la Guarda

…Para mi Ángel que me guarda…

 

Era su amigo, su hermano, a veces no se sabía cuál de los dos era el mayor, si ella o él, pero llegaba en ocasiones a formar parte de ella. Era su complemento, su media mitad, cómplices y confidentes, en ambos sentidos, él para ella y ella para él.
Ella admiraba su paciencia, su sentido del humor, le gustaba cómo le hacía reír, reír a carcajadas, hasta llegar a dolerle el abdomen. Pero reír sin parar. Le encantaban esos momentos que pasaban juntos. Donde se olvidaban de todos los problemas que encontraban a su alrededor.
A él le encantaba lo pizpireta que era ella, su valentía y su manera de vivir la vida, donde todo se la sudaba, cómo continuamente solía decir ella.
Se trataban como hermanos, dos inseparables, pero ante todo grandes amigos. No les importaba lo que de ellos se pudiera decir, ellos pasaban del mundo, sabían lo que querían y lo que tenían, una gran amistad, hasta ahora inquebrantable.
Ella llegaba a creer que era su Ángel de la guarda, ahí estaba siempre que lo necesitaba, siempre que lo mentaba, sin condiciones ni reservas.
Sólo ellos sabían en qué consistían las llamadas Grandes Amistades, aquéllas en las que confías en todo y para todo, en esa otra persona, donde no existen ni decepciones, ni traiciones, en la que a veces, cuando te paras a pensar y caes en que tal vez, la otra persona sea para ti Tu Ángel de la Guarda.

 

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