Capítulo VIII. Traición

Rai, Allatrix e Ian junto con los dos dragones, se pusieron en marcha para conocer a la ex gran hechicera Lisbeth. Rai tenía poca o ninguna esperanza de que ella accediera a ayudarles, la última vez que usó sus poderes para ayudar a los dragones, la acusaron de alta traición y esto le supuso la pérdida de los mismos. Pero de esto hacía ya mucho tiempo.

Ahora no tendría que usarlos, pero es la única que conoce todos los hechizos sanadores ante el ataque sufrido por La Sombra. Sólo ella podía ayudarles, pero el problema está en que ella ya no posea sus poderes, sólo sabe los hechizos pero no puede ejecutarlos.

Ambos tres llegaron al encuentro de Elisse, se encontraba en una zona oscura y apartada de Menbat, era la zona donde iban los desterrados o aquellas criaturas mágicas qué por algún motivo habían sido despojados de sus poderes. El lugar era un tanto tétrico, la naturaleza del bosque, todo lo que la vista alcanzaba estaba muerto, y un color grisáceo lo cubría todo.

Elisse, en el momento de la llegada de Rai y compañía, se encontraba deambulando por el bosque, su llegada le sorprendió, ella no esperaba la visita de nadie y mucho menos de Rai.

Ella lucía un vestido de satén blanco atado al cuello con un escote de corazón y de barco, donde en los hombros tenía dos mangas que colgaban de ellas, dejando sus brazos al descubierto.

Los bajos del vestido eran casi harapos debido al arrastre de éste por los rastrojos del bosque. Su pelo largo, ocre y lacio se dejaba caer por detrás de su espalda, en la parte frontal de su cabeza una delicada tiara con una decoración de pequeñas hojas, a modo de naturaleza muerta, sostenía sus mechones.

Su cara ovalada, con enormes ojos avellanados, de color esmeralda, su nariz fina y achatada junto con sus delgados y finos labios, delataban su procedencia menbática. Era extraño ver a la que fue la gran hechicera de Menbat, por aquel siniestro y oscuro bosque.

Tras la llegada de La Sombra, Elisse no tenía poderes y el paso de la sombra por encima de ella le hizo cambiar de aspecto. Su aspecto bello y delicado que poseía de Menbat, ahora era inexistente, su rostro ovalado, tras La Sombra, se convirtió en un rostro famélico y las cicatrices empezaron a aflorar por su rostro. Su pelo ocre se iba convirtiendo en un color grisáceo, pero justo un mechón, el que no tocó la sombra, permaneció con su color verdadero.

A lo largo de sus hombros, clavículas y brazos tenía una serie de marcas en formas de roleos y de color gris oscuro, anteriormente estas marcas en Menbat eran de color plateado iridiscente, éste era otro efecto de La Sombra. Cambiando el color a oscuro, era como si ya pertenecieras a él, e inmediatamente pasabas a convertirte en uno de sus secuaces, sin tú quererlo. Sin poder remediarlo.

Rai se sorprendió al verla, no recordaba que Elisse tuviera ese aspecto antes de abandonar Menbat, pero estaba claro que cuando abandonó Menbat y le despojaron de sus poderes, los escasos efectos que la sombra podía producir en un ser mágico, iban a ser más devastadores en humanos o en personas como ella, que ya no poseían ningún tipo de magia.

Pero, Rai cuando volvió en sí y terminó de escanearla de manera perpleja, algo de repente le llamó la atención, ¿Por qué le quedaba un único mechón ocre? ¿A caso la sombra no pasó por ese mechón? ¿Por qué las marcas de su piel habían cambiado de color?

Rai tenía entendido que cuando La Sombra pasaba por encima de algo o de alguien, lo arrasaba todo sin ningún tipo de miramiento. Por eso, el hecho de que sólo un único mechón permaneciera en su estado original, le extrañó de gran manera.

Rai no se podía quedar con esa duda en la cabeza, pero eso es otro tema qué más tarde resolvería….

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Unos momentos antes en Menbat…

Lendaac, Harlem, Thressa y Rai se encontraban dentro del oráculo cuando notaron un leve temblor, de manera instantánea, todos los presentes en la sala principal giraron sus cabezas hacia arriba, los tres jóvenes se quedaron absortos, incluso Thressa no podía creer que lo que estaba viendo era cierto.

Dos enormes dragones planeaban por encima de la claraboya de la gran sala, los ojos de todos ellos siguieron la dirección del vuelo de los dragones.

Rai se giró a ellos diciéndoles – Chicos, creo que estamos en serios problemas, no es muy común ver a dos dragones del séquito de Draharkan planeando a toda velocidad por los cielos de Menbat.

Esperadme aquí voy a ver que noticias traen, no salgáis hasta que no os de aviso.

Los chicos hicieron caso omiso a las indicaciones que Rai les dio. Nada más salir Rai por la puerta, se asomaron por la vidriera de la puerta para conseguir escuchar algo de la información qué los dos dragones traían para Rai.

Tras la puerta vieron a dos seres fantásticos justo en el momento de su metamorfosis a humanos, llegaron a tiempo para ver a dos imponentes dragones, uno era de color plateado, que resultó ser una mujer y el otro dragón de color dorado, era un hombre. Incluso cuando su transformación a humanos ya estaba completada, ambos eran más altos que la media humana.

Lendaac se quedó impactado, al ver a la dragona tras su transformación su largo y lacio pelo sujeto con dos trenzas cual ninfa, su vestido entallado de gasa azul que dejaba a entrever todas las curvas de su cuerpo y su imponentes ojos del color del zafiro. Intimidaban hasta al más atrevido. A Lendaac le intrigaba saber cuál era su nombre.

A lo lejos escucharon…que parecía ser qué habían atacado al dragón rojo, al rey de Draharka, y que su vida estaba en peligro, algo le había alcanzado, le dieron justo en un punto vital, que de haber sido mientras se encontraba en su cuerpo mitológico, nada le hubiese pasado, su cuerpo lleno de escamas había expulsado de manera inmediata aquel impacto del balín.

Pero la gravedad del asunto residía en qué le habían alcanzado justo en el momento en el que se estaba transformando de nuevo en humano y su proceso no se había completado del todo.

Han atacado al Dragón Rojo, y han venido para ver si Rai puede ayudarles, por la cara de preocupación de Rai, se ve qué es bastante grave, es lo que he podido escuchar por el momento.

¿Pero ese quien es? Y ¿Qué tiene que ver con Menbat? – Preguntó Harlem de manera insistente.

Shh… no me entero si me preguntas mientras ellos están hablando…no consigo captar nada de lo que dicen, así que…si haces el favor de callarte te lo agradecería. – Cuando finalizó posó su dedo encima de la boca haciendo el ademán para que se callase.

Harlem, ¿Se puede saber a quién te refieres?, no has visto como yo a dos dragones metamorfosearse delante tuya en humanos, ¿Acaso eso no te ha sorprendido? ¿No me digas qué te has reparado antes en aquel humano de allí del fondo antes que en los dragones?

Lendaac, ¿Tú crees que si sólo fuera un vulgar humano estaría aquí en este mundo mágico?

Mmm…por esta vez te daré la razón…ya sabemos que si no es un ser fantástico o mágico en este mundo no tiene cabida, y tendría vetada la entrada a Omacor. Seguro qué el Dragón Rojo es el rey del distrito de los dragones, por lo que tengo entendido, el gobernador de los dragones, sólo puede ser aquel que sea de color rojo, ya que es el más poderoso de todos ellos.

Ya solo nos queda averiguar que conexión tiene ese Dragón Rojo con Menbat y por qué la cara de preocupación de Rai. Dijo Harlem mirando fijamente a los dos hermanos. ¿Ya sabéis qué tenemos que hacer chicos?

¡Mirad chicos, Rai se va con ellos! Se me está ocurriendo una cosa… ¿Y si vamos detrás de ellos y averiguamos qué es lo que está pasando realmente? Dijo Thressa mirando a Lendaac y Harlem de manera suspicaz.

Los chicos, pasado un tiempo prudencial no más de dos minutos, lo justo para seguirlos sin que Rai se diera cuenta qué iban tras ellos para enterarse de qué estaba pasando, siguieron los pasos de los dos dragones, el aparente humano y Rai.

La comitiva liderada por Rai, les llevó a una zona oscura, donde todo era más escabroso, y la nubosidad de la sombra se notaba de manera más intensa. Una vez allí se escondieron detrás de unos arbustos que se encontraban a cierta distancia de ellos, la suficiente como para que el grupo no se percatara de su presencia.

A lo lejos vieron como Rai y los demás se repararon a hablar con una mujer, que era difícil identificar su edad debido a su aspecto tan demacrado. Lendaac consiguió percibir que habían ido hasta aquel sitio porque ella es la única que podría ayudar a Rai y a los dragones y salvar a su monarca.

A pesar, de que la mujer la hubiesen despojado mucho tiempo atrás de sus poderes, sigue siendo la mujer que más sabe de magia oscura de todo Menbat. Los tres se giraron y se miraron y optaron por irse de allí antes de que Rai les descubriera.

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Mucho tiempo atrás en Menbat…

Hace aproximadamente en torno unos cien años, en Menbat se celebraba el nacimiento de la que probablemente sería una de las hechiceras más famosas, nacida en el seno de una familia de hechiceros, a la pequeña le otorgaron el nombre de Lisbeth, que según el idioma menbático significaba “la más poderosa”.

Y no se confundían. Lisbeth creció como cualquier otra niña nacida en Menbat, desde bien pequeña fue a la Escuela de magia para poder dominar bien todos los hechizos, pero Lisbeth destacaba por encima de todos sus compañeros, ella aprendía rápido.

Lisbeth crecía a pasos agigantados, cuando se encontraba en plena pubertad su aspecto físico fue cambiando como los del resto. Pero ella estaba adquiriendo unas características especiales.

Su pelo rizado y dorado fue cambiando de color, a un color más blanquecino y lacio como la seda, esto se debía a que a medida que adquiría más conocimientos en las artes mágicas, más sabia se volvía. Muchos el día de su nacimiento ya presagiaron que sería una de las hechiceras más poderosa de todo Menbat.

Pronto empezó a interesarle otro tipo de magia, una un tanto más oscura, pero solo era para aplicarlos en casos necesarios, en los que tuviera que derrotar a alguna bestia maligna o un ser más tenebroso y oscuro aún.

Sus progresos día a día iban creciendo y conforme completaba una sección una nueva marca plateada iridiscente afloraba en su cuerpo, principalmente en brazos, clavículas, hombros espalda…sitios visibles. Estas marcas servían para identificar el nivel y el rango al que pertenecía.

Cuando Lisbeth cumplía la mayoría de edad, ya casi toda la parte delantera de su cuerpo estaba llena de “tatuajes” con lo que en tan sólo dieciocho años había alcanzado el nivel avanzado en hechicería, y esto la convertía en una de las alumnas más aventajadas de toda su clase.

Pero meses más tarde ocurriría algo que cambiaría por completo el destino de su vida. Lisbeth se codeaba con multitud de especies debido a su rango en la escuela, era una muchacha demasiado curiosa, esto quiere decir que le gustaba explorar más allá de los muros, y se empezó a codear con los habitantes de Draharka, más concretamente con el heredero al trono, Draharkan.

A medida que pasaba el tiempo y pasaban tiempo juntos explorando nuevas tierras y sobrevolando los cielos del país, su lazo se fue estrechando, hasta el punto en que su nivel de amistad iba creciendo sobremanera.

Pero llegó el momento en el que Draharkan tenía que ocupar el lugar para el cual había sido destinado, era el sucesor al trono, y ese momento para el que había estado preparándose desde su nacimiento había llegado.

Draharkan debía decidir entre su ascenso al trono real o vivir mundanamente, renunciando a su naturaleza y raíces para vivir al lado de su gran amor de niñez, Lisbeth. Draharkan eligió, pero su elección iba a tener un doble sentido.

Con su ascenso al trono, Draharkan instauró una serie de leyes que pensaba que beneficiaría tanto a Lisbeth como a él para al fin poder estar juntos. Pero eso no sería así.

Por mucha validez que tuviesen esas leyes en Draharka, Lisbeth debía regirse conforme a las leyes menbáticas, y sus leyes prohibían cualquier relación sentimental con seres de distinta especie dentro de su distrito y la prohibición, como era lógico, era más restrictiva con aquellos seres de distinto aquelarre.

Por lo que jamás podrían estar juntos, por tanto Draharkan simuló un secuestro, ya que nadie sabía de la existencia de sus encuentros a escondidas durante todos estos años atrás.

Todo Menbat se puso a buscar a Lisbeth durante varios días y largas noches, pero ni rastro de ella. Ni rastro hasta qué un día, tanto Draharkan como Lisbeth cometieron un error que les descubriría.

A media noche, un dragón rojo sobrevoló los aires de Menbat, en su lomo portaba a alguien, pero desde el suelo no se podía vislumbrar a ninguno de los dos.

Cuando aterrizaron en tierra, medio poblado de Menbat les estaba esperando, habían seguido su dirección. Cuando Lisbeth bajó del lomo de Draharkan y esperó a su transformación, se viró para dirigirse a su casa y se encontró con todo el poblado alrededor de ellos.

La cara de pánico de ella, se veía a leguas, Rai agachó la cabeza resignado, había estado mucho tiempo ayudando a su amiga, pero ni por asomo se imaginaba que se estaba prestando a que su idilio con el dragón continuase en el tiempo.

Los guardias por orden de los sacerdotes, la apresaron, a él le dejaron libre, no pertenecía a su aquelarre, por lo que sus leyes no podían aplicarse. La encerraron en las mazmorras del Gran Oráculo y dos días después, fue su juicio.

El jurado fue unánime: por haber traicionado a su aquelarre y haber fingido un secuestro, mientras mantenía una relación con un ser de otro distrito. Yo el Sumo Sacerdote de Menbat, condeno a la hechicera Lisbeth a despojar la de todos sus poderes, y desterrar la allá donde la luz no llega, de por vida. Solo podrá regresar para impartir clases en la Escuela de Artes Mágicas, ya que es la única que conoce todos y cada uno de los hechizos.

Lisbeth no se lo podía creer, de la noche a la mañana iba a pasar de ser una de las grandes hechiceras de todo Menbat, a una simple y vulgar humana y únicamente podría pisar su amada Escuela para impartir clases a hechiceros novatos.

Y lo que es peor aún jamás volvería a ver a Draharkan, su amado dragón rojo.

Al ser una desterrada, bueno semi desterrada, y al haberla despojado de sus poderes, con la llegada de La Sombra, Lisbeth tuvo que cambiar de nombre y pasó a llamarse Elisse y por ende el contacto con la nebulosa de La Sombra, al no tener poderes, al contacto con ella sus efectos en Elisse fueron devastadores.

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En la actualidad…

Cuando Rai llegó con su séquito, a Elisse le pilló por sorpresa, sobresaltándola.

Rai, ¿Qué ocurre? ¿A qué se debe tu presencia aquí en estas tierras tan alejadas de Menbat?

Lisb…Elisse, estamos en serios problemas, han atacado al rey de Draharkan…su estado es grave, y sabes que tú eres la única que puede ayudarnos…por lo visto parece ser que La Sombra – Dijo en voz baja– le ha atacado justo en el momento en el que procedía a su transformación, y le ha pillado a mitad. Tú mejor que nadie sabes, qué eras la hechicera más poderosa de todo Menbat.

Tú lo has dicho Rai, era la hechicera más poderosa, y de eso hace ya mucho tiempo.

Pero Elisse…Draharkan necesita de tu ayuda, y creo que por vosotros, por lo vuestro, es justo intentarlo y aún estamos a tiempo de poder hacer algo por su vida. Debemos ir a Draharkan cuanto antes, porque si nos demoramos no vamos a llegar a tiempo, Elisse.

Vamos entonces, no perdamos más tiempo, pero dudo que pueda hacer nada sin mis poderes, Rai te recuerdo que ya no soy una hechicera, si no que una humana normal y corriente. ¿Cómo nos vamos? – Miró Elisse de reojo a los dos humanos más altos, ella ya sabía que ambos eran dos dragones de la corte de Draharkan.

Los dos jóvenes se transformaron en dos imponentes dragones, Rai, Elisse, Allenda e Ian se distribuyeron entre los dos dragones y se subieron a lomos de ellos en dirección a Draharka para intentar salvar la vida del monarca.

Cuando llegaron a Draharka, en concreto a la zona donde ocurrió el incidente, se encontraron con un tumulto de gente, y al gran dragón rojo tumbado malherido en suelo, su rostro había palidecido por el contacto de la bala de La Sombra y por la pérdida de sangre tras el impacto.

Elisse fue corriendo hacía el círculo, apartando a la gente que se anteponían a su paso. Cuando se puso en frente de él, Draharkan no la reconoció, el aspecto de Elisse era muy diferente al que él recordaba, tras la última vez que se vieron, pero su mechón la delataba.

Draharkan… ¿Qué ha pasado? ¿Qué te han hecho?

Fue todo muy deprisa…cuando me quise dar cuenta la bala o lo que quiera que fuese ya me había atravesado el cuerpo, y como no completé mi transformación, la pérdida de sangre fue mayor. – Dijo Draharkan con una voz débil y entrecortada.

No hables más, he venido para salvarte la vida, y espero conseguirlo, esto…lo nuestro no puede acabar así.

Rai y Elisse se pusieron manos a la obra, pero antes de ejecutar el hechizo que sanaría y salvaría la vida de Draharkan, necesitan ir al Oráculo para coger varios ingredientes para completar el hechizo.

Se montaron cada uno en un dragón para ganar tiempo y se dirigieron a Menbat de nuevo.

¿Llegarán a tiempo Rai y Elisse para salvar la vida de Draharkan? ¿Qué papel tendrá Ian en la salvación del Dragón Rojo?

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