Capítulo VI. Buscando respuestas

Al entrar en aquella habitación, Lendaac pegó un respingo qué asustó a Thressa, ella lo miraba extrañado, porque a pesar de la poca visibilidad existente dentro del habitáculo, los ojos de Lendaac a diferencia de los irisados de su hermana, podían captar la imagen mucho antes que los de ella e incluso en lugares con poca luminosidad, por lo que Lendaac se percató de la existencia de una chica dormida en la misma habitación en la que entraron.

– Lendaac ¿Qué pasa? ¡Me acabas de pisar! – preguntó Thressa en voz baja.

– Thressa no lo ves, hay alguien ya durmiendo en esta habitación. – Dijo Lendaac señalando a su hermana donde se encontraba la joven.

– ¿Y qué hacemos? ¿Y si nos acomodamos aquí en el suelo? Intenta hacer el menor ruido posible, Lendaac.

Conforme entraron a la habitación de la manera lo más sigilosa posible, la chica que se encontraba en la cama se empezó a remover, Lendaac se percató de ello y paró en seco a su hermana anteponiendo su brazo delante de ella. Cuando la chica en cuestión dejó de moverse, ellos dos se acomodaron en el suelo, no sin antes echar un vistazo en la cama para corroborar qué efectivamente se trataba de la chica con la que hace apenas unos días se chocó a la salida de Darkfield.

Efectivamente se trataba de ella, pero Lendaac prefirió acomodarse en el suelo, dentro de las posibilidades, sin decirle a Thressa qué en realidad conocía a la joven en cuestión.

– ¿La conoces? – Preguntó Thressa al ver qué su hermano se asomaba hacia la cama.

– Mm no, no sé quién es la verdad. – Le dijo poniendo cara como de no saber nada, aunque en realidad la había reconocido desde el umbral de la puerta, era difícil no acordarse de alguien como aquella chica qué conoció de manera fortuita hace unas semanas.

– Venga Thressa, acomódate qué el día ha sido muy largo. Ya mañana temprano buscaremos más respuestas.

A la mañana siguiente, Lendaac procuró levantarse antes que su hermana e incluso antes que la chica que se encontraba en la habitación. Justo en el momento en el que Lendaac se había incorporado, Harlem se despertó y empezó a chistearle.

– Chss chss… ¿Se puede saber quién eres? – Cuando se giró y se percató qué aquel chico era Lendaac, siguió interrogándole. – Y ¿Qué haces aquí en esta habitación? ¿No había otra habitación para quedarte a dormir, tú y… tú amiga?

– Perdona, llegamos anoche mi hermana Thressa y yo, fuimos intentando abrir todas las puertas de las habitaciones ya que llegamos en plena noche a Menbat, porque…– En realidad Lendaac no sabía muy bien por donde continuar, ya que Harlem no sabía nada acerca de lo que a su hermana y a él les había ocurrido unos días y semanas antes.

– Ah…es tu hermana…pensaba qué era tu…– Harlem arqueó una ceja mientras le miraba fijamente.

– Mi novia…no no, es mi hermana. El problema está en que ella vio como me transformaba, al igual que te vi yo aquella vez a la entrada de Menbat…y quería que me acompañase para saber si aquí puedo encontrar respuestas. – Lendaac sabía qué si le contaba otra cosa iba a sonar un tanto sospechoso porque él mismo vio como ella se transformaba delante de él.

Toda esta conversación la mantuvieron en un tono lo más bajo posible para no intentar despertar a su hermana, pero sus esfuerzos fueron inútiles, porque Thressa tenía un sueño demasiado ligero, lo que hizo que se despertase.

Pero para no levantar sospechas, ni se inmutó para intentar escuchar algo de lo que su hermano y esa chica misteriosa estaban hablando. Cuando terminaron de hablar, esperó unos segundos y empezó a desperezarse, se giró y preguntó como si no hubiese escuchado nada:

– Lendaac ¿Quién es la chica con la qué estás hablando? ¿Es la  misma que nos encontramos anoche plácidamente dormida en esta habitación? ¿Os conocéis de algo?

Tanto Lendaac como Harlem empezaron ambos a ponerse un tanto nerviosos por la insistencia con la que Thressa formulaba las preguntas.

– Thressa, me estaba preguntando que qué diantres hacíamos en su habitación y qué quienes somos. –Thressa relajó su cuerpo aparentemente, ante la contestación de su hermano, ya que pensaba que hace apenas unos instantes había escuchado que se conocían de antes, al menos esa es la sensación que quiso transmitirle.

– Ajá… ¿Y ya se lo has dicho? …Pues venga no sé qué estamos haciendo aquí perdiendo el tiempo, que al menos nosotros dos tenemos muchas cosas qué resolver. – contestó en un tono un tanto borde, para disimular qué había escuchado toda la conversación que anteriormente ambos habían tenido.

– Thressa podrías no ser tan borde con… ¿Cómo me has dicho qué te llamabas? – Preguntó a Harlem para disimular qué se conocían.

– Harlem, me llamo Harlem… Lendaac, yo al menos no olvido el nombre de alguien cuando se ha presentado hace cinco minutos escasos. –Soltó a bocajarro, con una sonrisa pícara.

– Encantada Harlem, yo soy Thressa. Un placer. Venga Lendaac, nos tenemos que ir. –Zanjó en un tono un tanto descarado, haciéndole una seña final a su hermano con la cabeza para que atravesara de una vez la puerta.

Tras atravesar la puerta y asegurarse de que la dejaban bien cerrada, Lendaac se reparó un instante ante la puerta hasta que Thressa tiró de él agarrándole del brazo.

– Vale Thressa ya voy… ¿Me puedes responder a algo?

– Dispara. – Dijo ella cortante.

– ¿Se puede saber porqué le has hablado así a la chica?, ella no…, no nos conoce de nada y ambos nos hemos metido como cual intrusos en su habitación, no piensas qué ella podría haber reaccionado de otra manera mucho peor, Thressa estábamos técnicamente allanando su “morada” y eso no está bien, aunque ambos sabemos qué es la única puerta que cedió. –Intenté disimular que ya conocía a Harlem de mucho antes, pero ante el tono borde y cortante con el que su hermana se dirigió a ella, yo seguía sospechando que mientras estábamos hablando nos había estado escuchando, pero  hasta qué ella no me lo confirme no puedo asegurar nada.

– Lendaac, te conozco y eres mi hermano, bueno lo serás siempre, y sé qué algo me estás ocultando, o si no ¿Por qué cuando me he despertado y estabas hablando con la muchacha me ha dado la sensación como si os conocierais de antes? Puedes responder a eso, o son también imaginaciones mías. –Dirigiéndole una mirada más que acusadora a mi hermano.

Ante esta pregunta tan intimidatoria por parte de mi hermana, mi reacción fue sonrojarme como cuando sabes qué has hecho o dicho algo qué no debías.

– Verás, no te he conté realmente todo lo qué pasó el día de mi transformación, bueno mejor dicho la semana qué pasé aquí en Omacor. No quiero desvelarte nada acerca de Harlem, solamente te diré que sí, que la conocí el día que volvía a casa para saber cómo estabas y me topé con ella a la salida. Pero por respeto a ella, no quiero contarte nada qué ella no quiera o pueda.

Hasta el momento es lo único qué sabrás de ella, y sí hemos estado hablando en la habitación sobre qué demonios hacía otra vez allí.

Yo le contesté que vine a buscar respuestas para mí y creí que ese sería el lugar idóneo. –Thressa no supo que decir, se dio media vuelta y proseguimos nuestro camino para averiguar si alguien de aquella ciudad nos pudiera ayudar a encontrar las respuestas qué tanto ansiábamos.

Nada más salir del edificio, dimos una vuelta sobre nosotros mismos para intentar ubicarnos, imposible. Cuando llegamos a Menbat era de noche y no se veía apenas nada de los edificios qué se encontraban en la periferia de la plaza en la que nos encontrábamos.

Éramos dos completos extraños en aquella ciudad, yo desprendía un olor como a perro mojado, en cambio Thressa olía como el agua de un estanque rodeado de reptiles y anfibios, a mí especialmente me resultaba más repugnante su olor qué el mío. Por ello, la gente creo qué nos miraban raro.

Nos acercamos ni cortos ni perezosos, al edificio más monumental qué presidía aquella plaza, ambos dimos por supuesto, qué al ser la edilicia más colosal qué jamás habían visto nuestros ojos, que allí encontraríamos respuestas o al menos nos darían indicaciones sobre dónde encontrarlas o a quién debíamos dirigirnos.

Nuestras sospechas eran certeras, nada más llegar a la puerta dos enormes centinelas ataviados con unas túnicas moradas con una cenefa por todo el borde de color dorado, nos impidieron el paso no sin antes decirles nuestro propósito de adentrarnos en aquel majestuoso edificio, en el cual poco pegábamos.

Los dos centinelas nos miraron de arriba abajo pensando qué diantres, dos chavales jóvenes hacíamos allí y más sin asemejarnos ni lo más mínimo con el resto de habitantes. Uno de ellos, giró su postura.

– ¿Quiénes sois y qué hacéis merodeando por la ciudad? –Dijo el centinela de la derecha con una voz un tanto ronca y áspera.

– Thressa déjame hablar a mí. Mi nombre es Lendaac y esta es mi hermana Thressa y venimos buscando respuestas, veréis no somos chicos normales, a ver cómo os explico esto de la mejor manera posible… mm… necesito hablar con un mago o alguien qué nos pueda ayudar a saber qué somos realmente, y habíamos pensado que puesto que vosotros sois dos guardias y todo lo veis podríais decirnos a quién nos tenemos qué dirigir o hacia donde. – El centinela se giró en seco hacia el otro centinela y mediante una mirada se comunicaron, pocos segundos después ambos mediante un movimiento ágil y eficaz señalaron con su lanza a uno de los edificios que rodeaba la plaza.

Justamente este edificio estaba de frente al que nosotros nos habíamos dirigidos, conforme nos giramos y lo vimos de lejos parecía mucho más pequeño.

– Veis aquel edificio de allí en frente, pues aquello de allí es el Gran Oráculo y es donde debéis dirigiros. – Articularon los dos centinelas al unísono.

Tras la contestación de ambos, dimos las gracias a los centinelas y nos dirigimos hacia el edificio que nos habían indicado. A medida que atravesábamos la calle, o mejor dicho avenida, conforme nos acercábamos al edificio nos parecía aún más colosal que el anterior. Ante nosotros una edilicia de corte clásico pero con toques modernos, al entrar al edificio qué se encontraba abierto al público, llegamos a una gran sala o hall, sobre nuestras cabezas se sostenían esos pesados muros mediante una gran cúpula, a mí se me asemejó el edificio a un templo de corte clásico, con esa enorme cúpula posada sobre un enorme tambor y en el centro un gran óculo donde el sol penetraba dentro del edificio.

Después de contemplar durante un rato la belleza arquitectónica del edificio, nos giramos y nos dirigimos a la primera persona qué encontramos con una persona con una túnica diferente al resto de los que deambulaban por la estancia.

– Perdone señor, no quiero molestarle, pero no sé si usted nos podría ayudar. –Le dije dándole un pequeño toque en el hombro para intentar captar su atención.

– Esto es el gran oráculo, no sé si los centinelas qué estaban en el otro edificio nos han dado correctamente las indicaciones. Y necesitamos resolver algunas preguntas acerca de unos hechos qué recientemente nos han ocurrido, pero tampoco quiero…– Se giró de manera grácil como si estuviese levitando sobre sí mismo, y le hizo un gesto a Lendaac para qué dejara de hablar.

– Eh para, no alces tanto la voz que distraes a los visionarios. Y respondiendo a tu pregunta, sí esto es el gran oráculo, pero…un momento ¿A quién buscas exactamente? – El sacerdote le miró con desconfianza.

– No sé exactamente a quién buscamos, necesitamos de alguien que sepa nuestra verdadera historia y por qué nos ha pasado todo, por qué nosotros y no otros…– Finalizó Lendaac con la cabeza gacha y apesadumbrado.

– Un momento no os mováis de aquí, voy  a buscar a alguien qué os pueda ayudar más que yo.

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Mientras tanto Harlem, tras que Lendaac y su hermana cerrasen la puerta de la habitación, se dispuso a arreglarse, desayunar y dirigirse de nuevo al Gran Oráculo para que el Sumo Sacerdote, Rai, le resolviese más dudas acerca de su existencia y el resto de distritos que componen el país de Omacor.

Andando por la calle principal, la avenida, a lo lejos avistó a dos  jóvenes que se dirigían hacia la biblioteca, ella pensó que irían a preguntar si en aquel edificio podrían ayudarlos. Antes de ellos se girasen y la viesen a lo lejos, dobló la esquina se adentró en el Gran Oráculo por la puerta trasera, fue directa a la estancia donde Rai se encontraba, tocó la puerta y esperó a que desde dentro le dieran paso.

– ¿Sí?, Adelante…

Harlem abrió con sumo cuidado la puerta.

– Oh, Harlem bienvenida. ¿Qué te trae por aquí?

– Rai, quedamos en vernos para que terminases de resolverme mis dudas acerca del país de Omacor, sobre Fernintia, Calendaac…etc.

– Oh cierto, se me había olvidado, tengo tantas cosas de las que ocuparme dentro del Gran Oráculo, qué había pasado por alto nuestra cita. – Tras una breve pausa, Rai se dirigía a abrir la puerta para dirigirse a la gran sala para continuar con la explicación, cuando de repente llamaron a la puerta de manera abrupta.

– ¿Sí?, ¿Quién es?

– Perdone Sumo Sacerdote, a fuera hay dos chicos impacientes preguntando por alguien qué les pueda resolver ciertas dudas acerca de su…existencia. – El sacerdote abrió un poco más la puerta para que Rai pudiese ver de quienes se trataban.

Harlem al abrir la puerta giró su cuello a la misma vez qué Rai por curiosidad de quienes eran aquellos dos jóvenes, no imaginaban qué fueran ellos dos. Los mismos jóvenes qué esta mañana se encontraban en su alcoba.

– ¡¿Pero qué?! No puede ser ¿Qué hacéis vosotros dos aquí? – Rai giró la cabeza  hacia Harlem, arqueando la ceja.

– ¿Los conoces a los dos…?

– Te dije la otra vez que conocí a un chico, del cual tú me dijiste su nombre, y a la otra chica es su hermana y me los he encontrado esta mañana en la Escuela de Artes Mágicas, dentro de mi habitación durmiendo en el suelo.

– Lendaac y Thressa en efecto, ya era hora de que os conocierais. Umm…Ya qué estamos ¿Por qué no salimos todos de dudas?­ –En ese preciso instante en el que Rai terminó de formular su pregunta a Harlem, Lendaac se giró hacia la puerta donde se encontraba el sacerdote qué anteriormente había ido a preguntar a aquella puerta. Cuando se abrió y vio a Harlem, Lendaac se quedó boquiabierto, no podía ser verdad, Harlem conocía a la persona que podría en unos instantes resolver todas sus dudas.

– ¡Harlem!, ¿Qué diantres haces tú aquí? – Dijo Lendaac chillando en medio del gran pasillo.

– Bua, otra vez esta chica aquí, ¡¿Es que es omnipresente y está en todas partes aunque no la invites?! –Replicó un tanto asqueada por la presencia de esa chica.

– Chss…

– No, no, no Lendaac la pregunta adecuada es ¿A qué vienes realmente a Menbat? – Salió disparada desde la estancia hasta plantarse justo delante de él, como si le estuviera retando.

– ¡Harlem detente! –Dijo Rai mientras se colocaba justo detrás de ella.  –Pasemos a la sala del otro día que os pueda explicar todo. Lendaac, Thressa, sed bienvenidos. Por favor, acompañarme.

Rai se giró sobre sí mismo en dirección hacia la gran sala, todos hicieron el mismo gesto, siguiéndole a él.

– Con que no os conocíais…– Soltó Thressa por lo bajo, su cara dibujó una sonrisa de pícara, dándole a entender a Lendaac que la noche anterior, había escuchado toda su conversación.

El grupo encabezado por Rai, se dirigieron hacia la gran sala donde el día anterior a Harlem le explicó su historia y un poco acerca de la formación de Omacor.

Cuando llegaron a la sala, tanto Thressa como Lendaac se quedaron anonadados de la rica decoración de la sala. Era una enorme estancia marmórea donde la madera prevalecía en su interior, tenía en sus laterales enormes estanterías que llegaban hasta el techo, era la biblioteca con más ejemplares e incunables en la que jamás ellos habían estado.

En el interior de la sala se encontraban dos enormes globos terráqueos, uno de ellos con el mapa de Omacor y el otro con el mapa de la tierra, al fondo de la sala encontramos una escalinata de corte imperial, donde una vez subido el primer tramo de escaleras estas se dividían en dos tramos, uno a la derecha y otro a la izquierda, cada uno de los tramos de las escalinatas conducían a las diferentes temáticas de las asignaturas de la Escuela de Artes Mágicas.

Rai se posicionó delante de un pedestal, hizo un par de movimientos con las manos y salieron de ellas una pantalla digital con el mapa de los inicios de la creación de Omacor.

Les explicó lo mismo que el día anterior hizo con Harlem.

– Thressa, ¿Te has transformado en algo recientemente? – Dijo Rai, mirándola fijamente a sus zafiros irisados.

– Si, hace exactamente una semana aproximadamente, mientras estaba durmiendo me transformé en un…basi…lis…co…– Cada vez que continuaba pronunciando la palabra final iba descendiendo el tono de su voz, pensando qué Harlem era una simple maga.

– Dicho esto, supongo qué ahora sabéis qué no podéis ser hermanos biológicos, ya que vuestra esencia mágica corresponde a seres completamente antagónicos en el país de Omacor.

– Ya, pero para mí Thressa sigue siendo mi hermana, nos han criado juntos y yo…la vi nacer…en cierto modo.

– Realmente, nosotros mandamos a Thressa con tus padres tras la grata evolución y experiencia que tenían ya con tu adopción, porque sí Lendaac, tú fuiste adoptados por dos terrestres.

– ¿Qué?, no puede ser…

– ¿Cómo qué no puede ser? A ver piensa, ¿Cómo te llamas? – preguntó Rai de manera insistente, para saber si lo captaba al vuelo.

– Lendaac…

– Y, ¿Cómo se llamaba la ciudad o distrito al que pertenecías? Y, ¿En qué te convertiste?

– Calendaac, y…me convertí en un licántropo.

– ¡No ves! No puede ser qué seáis hermanos biológicos. Genéticamente es imposible.

– Pero si Lendaac es un licántropo y yo soy un basilisco, mm… Harlem se puede saber, ¡Qué es o en qué se puede transformar! – Preguntó insistente Thressa.

– Qué os lo cuente ella si quiere, pero no es ninguna de vuestras dos especies de animales fantásticos, es de otro distrito. Aunque supongo qué Lendaac ya sabe perfectamente cuál es. – Respondió Rai, girándose hacia Lendaac a medida qué estaba hablando.

– Vale, de acuerdo, – comenzó Lendaac a hablar – yo conocí a Harlem cuándo salía de Darkfield o Omacor en su defecto, nos chocamos, ella cayó al suelo y de repente se convirtió en un…Ave Fénix, por lo que si no me confundo ella pertenece al distrito de Fernintia.

– En efecto, Lendaac, lo veis ahora, los tres pertenecéis a distritos diferentes, Harlem a diferencia de vosotros dos – dijo Rai señalando a Lendaac y a Thressa– es que ella nació en Fernintia, y desde bien pequeña sus padres, con apariencia humana se trasladaron a la tierra, para educarla como si fuese una humana normal y corriente. Hasta qué se manifestó su poder.

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En ese mismo instante a 1000 kilómetros de distancia, en el distrito de Draharka, un joven dragón surcaba los cielos, concretamente los límites fronterizos de la ciudad para avistar la posible llegada del enemigo más escurridizo e invencible de todos los tiempos. La Sombra.

El dragón centelleaba a lo lejos como si de un faro marítimo se tratase, esta característica se debía a que, Ingdrasil, así se llama este peculiar dragón, era dorado.

Junto con los dragones plateados son los dragones protectores y guardianes de la ciudad, aunque les gusta vivir de manera independiente en grutas. Ambos son los dragones benévolos, dentro de la clasificación de éstos a través del color de sus escamas. A su lado no muy lejos de él se encontraba Drafina, una dragona plateada qué al igual que Ingdrasil, surcaba los cielos para avistar desde la lejanía a La Sombra y poder combatirla.

Drafina, al tener las escamas de color plateado, se podía ocultar entre las nubes y pasar desapercibida.

De repente, en esa tierra llena de fuego y volcanes, a lo lejos se escucha el alarido de un dragón, que debido a la potencia de su grito, parecía que no se debiese a la lucha interna de egos entre dos dragones.

¡PUM!, el sonido de un disparo, se camufló con el alarido del dragón, pero incluso cuando el grito de dolor del dragón cesó, el eco del disparo aún resonaba.

Inmediatamente Ingdrasil y Drafina intercambiaron sonidos de alarma y como si dos flechas se tratasen, perpendiculares directos hacia la tierra, y se posaron a pocos metros donde había ocurrido el incidente.

Al llegar a tierra, los cuerpos de ambos dragones se transformaron en dos jóvenes humanos.

Ingdrasil, era un joven alto, en torno a 1 metro 80 cm, corpulento, anchas espaldas, y cuerpo fibrado. Sus ojos de un color ambarino con destellos dorados, se diferenciaba a leguas a qué distrito pertenecía, su cabello corto, peinado en punta con destellos dorados. Vestido con unos pantalones ligeros rasgados de color verde caqui y una camiseta de algodón de color ocre.

Drafina, una joven de figura esbelta, alta pero un poco más bajita qué Ingdrasil, medía 1 metro 70 cm, largos cabellos lacios y de color plateado, recogidos con dos trenzas a los lados que dejaban ver los bellos rasgos de su cara. Sus dos enormes ojos grises llenaban de expresión su cara. Ataviada con un vaporoso vestido de color azul grisáceo, ajustado en la parte superior y sujeto con un fajín donde podía llevar consigo una espada con la empuñadura de un dragón.

Ambos se acercaron, tras su transformación humana, al lugar donde instantes antes había ocurrido el incidente. Un gran círculo humano rodeaba al herido, cuando llegaron no podían creer quien era la persona qué se encontraba tendida en el suelo, era Draharkan, el rey del distrito.

Se encontraron con el enorme dragón rojo tendido en el suelo, rodeado de un gran charco de sangre. Lamentablemente no le había dado tiempo ni si quiera a comenzar su transformación humana.

En ese momento, ante la escena que se encontraron, en un primer momento pensaron lo peor que Draharkan, había muerto de ipso facto, tras caer como un peso muerto al suelo. Fue tal el estruendo de aquel golpe, que todo el círculo enmudeció.

Rápidamente llamaron a los dragones qué poseían escasos conocimientos en medicina, Draharkan aún respiraba, de manera leve, pero respiraba, las heridas parecían más graves de lo que imaginaban.

Inmediatamente dos de los dragones más veloces pusieron rumbo a Menbat para encontrar a los magos o sacerdotes más poderosos, para poder salvar la vida a su monarca…

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