Capítulo V. Los Arvalantis

Cuando Lendaac salió de Omacor y el brillo de la ciudad mágica cesó, miró a su alrededor, pero en un primer momento no pudo ver nada ya que los destellos por un momento por un momento le cegaron.

Cuando pudo recuperar la vista, miró de nuevo a su alrededor, y todo aparentemente estaba tal y como lo dejó instantes antes de entrar en Omacor.

Se puso en marcha y se apresuró para llegar cuanto antes a su casa y comprobar si su “no tan pequeña” Thressa, había hecho alguna zalagarda en casa y se la encontraría patas arriba o por el contrario estaba todo en orden.

Lendaac tenía sentimientos encontrados pues con su transformación la vez pasada, no sabía si debía contarle algo por encima a su hermana o por el contrario callarse para no asustarla.

Justo cuando estaba llegando a la esquina de su barrio, se detuvo en seco, puesto que no era muy normal, echando cuentas del día en qué descubrió Darkfield, que fue entre semana, qué en la plaza cercana a su bloque de pisos, estuvieran instaladas una especie de feria de “foods trucks”, cuando eso lo solían poner más bien los fines de semana.

Lendaac tras la confusión, decidió preguntar sin más dilación a unos de los vendedores ambulantes, con el único objetivo de cerciorarse de que estaba equivocado y que lo habían cambiado de día por algún que otro motivo municipal:

– Perdone, disculpe mmm… ¿Qué hora es?… es que mi reloj no sé qué le pasa, creo que se ha parado, no me marca bien la hora, espero qué el día sí que esté correcto…– Oh dios, Lendaac ¿Cómo preguntas eso?, este hombre se estará riendo de ti, de manera exagerada. ­– pensó para sí.

– Pero chaval, ¿Se puede saber qué te pasa?, ¿Estás bien? ¿A caso no tienes a mano un teléfono móvil?, de verdad estos jóvenes de hoy en día usan la tecnología para unas cosas tanto y para lo esencial ni los miran… ¡donde tendrás la cabeza jovencito! – Exclamó algo resignado el vendedor.

– A ver son las 20:40 de la noche, mmm…supongo qué el día no hará falta que te lo diga ¿Verdad?, como sea así voy a terminar pensando que la fiesta se te ha ido de las manos… a ver hoy es lunes…–

Lendaac miró su reloj en el cual ponía el día de la semana y el mes y comprobó qué efectivamente ponía lunes, pero claro ahora sólo quedaba por averiguar qué día era y si como sospechaba iba a estar mal.

– Lunes 22 de abril y como anteriormente te he dicho son las 20:40 de la noche. –

¿Cómo podía ser? ¿Ha pasado una semana desde que me transformé y huí de mi casa?… pero si apenas estuve ni media hora en aquel enigmático bosque y luego me topé con aquella chica…Harlem…, ella me podría haber avisado del desfase temporal qué existía entre el mundo mágico y la vida real…aunque pensándolo bien ella ni siquiera sabrá de la existencia de Omacor.

En fin voy a ir a casa, porque una semana sin saber nada de Thressa y viceversa, estará más que preocupada, a este paso conociéndola habrá llamado hasta al CNI para qué investiguen donde estoy…–pensó Lendaac.

Bueno creo que ha llegado el momento de presentaros a mi hermana Thressa. El 21 de abril del año 2000 en el hospital clínico de Nueva Jersey nacía una niña de enormes ojos verdes que cambiaban su tonalidad dependiendo de la luz qué incidían sobre ellos.

Yo como hermano mayor qué era, o eso creía hasta hace relativamente poco, la protegería y cuidaría como ser indefenso que era. Pero a raíz de la repentina muerte de nuestros padres, y tras mi transformación en licántropo, todos los cimientos qué hasta entonces habían construido la historia de mi vida en torno a ellos, de la noche a la mañana se derrumbaron como cual castillo de naipes.

Y esto me hizo caer en la cuenta, que posiblemente la que hasta entonces había considerado como mi hermana, ya no lo fuera. Esto se debía por el simple hecho de que Thressa era “Normal”, o al menos eso pensaba yo.

Pero la realidad, de un momento a otro iba a ser bien distinta, Thressa no pertenecía a la familia de los licántropos, de igual modo tampoco era mi hermana biológica, como era de esperar.

Del mismo modo, los padres que hasta entonces ambos creíamos como biológicos tampoco lo eran, a pesar de habernos cuidado y protegido a ambos durante toda su vida como propios, hasta su desafortunada y repentina muerte.

Como era de esperar, si ambos fuimos adoptados y nuestros padres no eran quiénes nosotros pensábamos, era de suponer que Thressa desarrollaría algún poder extraordinario al igual que yo, pero a medida que ella crecía ningún síntoma o rareza nos hacía presagiar su inminente transformación, parecía tan evidente que ella sí que sería “normal”, que hasta incluso llegué a extrañarme.

 La mañana del 21 de abril de 2018, día en el que Thressa cumplía su mayoría de edad, cambiaría de manera radical e inminente. Esa mañana, Lendaac a diferencia de las anteriores mañanas en los que su hermana cumple años, no se encontraba en casa.

Los años anteriores, esa mañana se convertía en un día especial. Lendaac se levantaba ese día antes que Thressa, para prepararle su desayuno preferido “Tortitas con sirope de chocolates acompañados de un buen chocolate caliente”, y se lo llevaba a la cama.

Esa mañana Lendaac no estaba en casa, tras pasar a toda prisa la calle que llegaba a su urbanización ya pasadas las 21:30 de la noche del día 22. Lendaac viraba a toda prisa la esquina de su calle. No podía ser que Lendaac no había estado en el 18 cumpleaños de su hermana, por ello “rezaba” porque ella no estuviese enfadada con él.

Cuando cruzó el rellano de su casa, subió de manera atolondrada la escalera dirigiéndose derecho a la habitación de su hermana. Mientras él subía las escaleras no podía dejar de pensar en eso. Cuando llegó a la puerta de su habitación ésta estaba entornada, cosa qué a Lendaac le extrañó porque ella tenía por costumbre dejarla siempre cerrada. Atravesó la puerta de manera abrupta, por el miedo que le producía que le hubiese pasado algo durante su ausencia.

Al abrir la puerta de la habitación por completo, la escena que se encontró era una mezcla entre algo macabro y paranormal, la habitación estaba prácticamente desmantelada como si un huracán hubiese pasado por ella.

Al lado de lo que era su cama, en el lado derecho había una especie de muda de piel de lo que se podía presuponer qué pertenecía a una serpiente o a cualquier otro tipo de reptil. Las escamas que Lendaac se encontró eran de un color verde claro, como si el animal hubiese crecido, hubiese pasado a una segunda fase, la adulta.

El repteo continuo hacia el otro extremo de la habitación, se veía al trasluz y se podía comprobar mediante el rastro que dejaba la rebaba de su cuerpo al deslizarse.

Lendaac aterrado fue hasta el otro extremo de la cama para ver qué era lo que se encontraba en aquel habitáculo y por ende para confirmar su mayor temor. Lendaac en un primer momento sólo pensó que aquel enorme reptil se había tragado literalmente a su hermana.

Pero nada de eso sucedió, Lendaac se encontró con un enorme reptil, con unas escamas de color radiante, la gama cromática de dichas escamas iban desde el azul más oscuro, pasando por tonalidades claras hasta llegar al verde más intenso. Los ojos irisados con una tonalidad variopinta que cambiaba de manera constante dependiendo de la luz.

Lendaac asombrado no paraba de mirar de un lado para otro de la habitación, intentando encontrar alguna pista de su hermana, pero sin embargo su mirada sólo se topó ante este enorme basilisco, pero ni rastro de su hermana. Instantes después Lendaac ató cabos al ver los harapos del pijama de ella, esparcidos por el suelo de la habitación hechos jirones.

Miró al basilisco con la cara desencajada, no podía creer que el enorme animal ancestral que tenía delante de sus ojos, fuese su adorable y dulce Thressa. Lendaac se quedó mirando fijamente al reptil para encontrar en esos ojos azules verdosos irisados algún atisbo de la esencia de la pequeña Thressa.

El basilisco entonces empezó a moverse, reptó hasta los pies de él sintiendo cómo le acariciaba los dedos de los pies, tras ese gesto pudo ver qué el reptil no tenía pensamientos de atacarle, más bien le reclamaba auxilio. En el fondo de sus ojos irisados traspasaba la angustia del animal por no entender qué le estaba pasando.

Por un pequeño instante Lendaac vio en esos ojos y en ese cuerpo ahora transformado rasgos propios de su hermana, el fondo del iris irisado se veía una base verde esmeralda, al qué eran los ojos de ella, su melena pelirroja se reflejaba en las escamas finales de la cola que terminaban en un llamativo color anaranjado tirando a cobrizo.

Al fin Lendaac pudo articular palabra y lo primero pudo decir…

– Thres…Thress ¿Eres tú? – Lendaac ni siquiera esperaba una respuesta, pero sin embargo el reptil asintió.

– ssshi, Lendaac ¿Qué me essstá passsando? – una voz en eco y como lejana era la que escuchaba Lendaac, mientras miraba fijamente al basilisco y sólo se veía cómo no dejaba de mover el résped.

– Thres te tengo qué contar muchas cosas, ¿Cuándo te has convertido en esto?, sé qué es difícil pero intenta recordarlo…– Dijo Lendaac intentando tranquilizar a su hermana, a sabiendas que ese mismo proceso lo había pasado él anteriormente.

– Mmmsss… no lo recuerdo muy bien Lendaac…estaba en la cama y de repente comencé a no sentir las piernas, las escamas comenzaron a brotar de mi empeine hacia arriba…al principio pensé que me estaba convirtiendo en una sirena, pero al no ver las aletas al final de mis pies, deduje al instante que en eso no me estaba transformando.

La cabeza me daba vueltas a toda velocidad, notaba como el interior de mi cuerpo se iba enfriando conforme transcurría el tiempo, la vista se me nublaba hasta qué finalmente creo que caí al suelo tras perder el conocimiento. Lo último que recuerdo es ver cómo mi cabeza se iba a golpear contra el suelo, sin que yo pudiera evitarlo. Hasta que finalmente me desvanecí y perdí el conocimiento.– Le contaba Thressa a Lendaac con voz angustiada, con el gesto desencajado como si no supiera qué le ocurría todavía.

– Lendaac no me mientas, ¡Qué está pasando! ¡¿Qué soy?! ¡Y se puede saber porqué nos está pasando esto! – Parloteaba Thressa a toda velocidad.

– Thressa tranquila, tengo muchas cosas qué contarte, que no te las he contado antes por temor a ponerte en peligro, no de la situación si no de…de…mi…–Finalizó Lendaac la frase enmudeciendo, casi con un hilo de voz.

– ¡Pero qué tonterías estás hablando Lendaac!, ¿Cómo qué me querías proteger de ti? ¿A caso no me estás viendo en lo que me he convertido? Lendaac por favor, pásame el espejo que tienes detrás de ti en la mesita, bueno mejor dicho ponlo delante de la mesita, que pueda ver mi aspecto de una vez…–

Lendaac viendo el estado tan alterado de su hermana y por miedo a que no pudiera controlar a la bestia que llevaba dentro, hizo lo que le ordenó sin dudarlo. La cara de Thressa al verse era terrorífica, sus fauces salieron a la luz, dio una vuelta sobre sí misma, algo que no le costó mucho trabajo, y se redirigió al lado donde se encontraba su hermano.

– Joder Lendaac de qué narices querías protegerme, ¡¡No sé si te estás dando cuenta pero soy una jodida serpiente!! , en todo caso de haberlo sabido te tenía qué haber protegido yo de mí misma. Espera un momento… ¿Tú también te has transformado en esta bestia? – preguntó Thressa mientras qué su voz ya se estaba recomponiendo al igual que su aspecto físico, por fin estaba volviendo a ser la chica jovial qué hasta hace apenas unas horas era.

– A ver por donde empiezo…– decía Lendaac mientras se echaba las manos a la cabeza, como intentando recomponer sus ideas para aclarar todas las dudas de su hermana.

– ¿Te acuerdas de la noche de disfraces del barrio?, aquella en la que misteriosamente desaparecí…pues bien, ¿Recuerdas la noche del accidente de tráfico cuando murieron nuestros padres? – Thressa asintió – esa misma noche, a raíz de aquel aparatoso accidente, una extraña marca se me quedó en el omóplato derecho llegando hasta el muslo izquierdo, pero lo más extraño era la forma que tenía, ¡Era la forma de un lobo!

Al principio yo no le di importancia, ya sabes me dolía más el cuerpo que otra cosa y tenía otras cosas en la cabeza. Pero la noche de disfraces en Nueva Jersey, sucedió algo inesperado, escalofriante y tremendamente extraño, estando en mi habitación de repente sentí un calor recorrer todo mi cuerpo y de un momento para otro un pelaje marrón con diferentes tonalidades comenzó a expandirse por todo mi cuerpo, mis pies se convirtieron en enormes patas y en ese momento, antes de que fuera a más y poder hacerte daño alguno decidí saltar por la ventana de mi habitación.

Aterricé de un salto a la calle y a medida que seguía corriendo dirigiéndome hacia las afueras de la ciudad, cada vez más rápido mi cuerpo se iba transformando en un licántropo, increíble pero cierto Thressa. Cuando llegué a la linde con el oscuro campo de Darkfield mi cuerpo volvió en sí y me adentré sin pensarlo en ese bosque…y una vez allí…nada es lo que parece Thressa, todo irradiaba luz y luminosidad por doquier. Todo tipo de seres fantásticos qué jamás hubieses imaginado se encontraban allí. – Lendaac continuó con la historia, con lo que ocurrió una vez dentro de Omacor y cómo conoció a Allatrix y todo lo que ella le contó.

– Lendaac debes llevarme allí, quizá allí nos contarían todo lo referente a mi transformación e incluso puede que haya otros tantos como tú y como yo…pero ¿Y si resulta que no somos realmente hermanos Lendaac? Porque a la vista está que nos hemos transformado en cosas totalmente diferentes y no sé si lo sabrás pero los basiliscos y los hombres lobos o licántropos, son un tanto incompatibles, casi me aventuraría a decir que son enemigos ancestrales…. ¿O eso ocurría entre los dragones y basiliscos?, bueno en realidad no lo sé y tengo ahora mismo tantas preguntas, que creo ahora haré de la hermana mayor qué nunca he sido, para pedirte que me lleves hasta Omacor y que resuelvan todas mis dudas.

– Espera Thressa…aún hay más…al salir del gran bosque, no te preocupaste en esa semana por mi…–Thressa miró extrañada a su hermano.

– Verás, al salir a toda velocidad, pensando que me encontraba en el mismo día que salí despavorido de casa, me choqué con una chica morena, que por el golpe tan fortuito pensé qué la había matado, pero no fue así, la socorrí y de repente alrededor de ella un haz de luz empezó a emerger de su pecho y se convirtió en otro ser fantástico, sólo fue apenas unos minutos de transformación, pero era un majestuoso ave fénix, y me daba la sensación de que ella sí que conoce más Omacor de lo que me dejó intuir.

Y cuando volví por el barrio pregunté qué día era porque el reloj se me había parado, resultó ser el mismo día pero una semana más tarde, por lo que a lo qué a mí me parecieron apenas escasos 20 minutos se convirtió en toda una semana, Thressa no lo comprendes, hay un desfase de tiempo.

– ¡Guau vaya! Cada cosa que me cuentas me da cada vez más qué pensar que en ese sitio mágico va a ser donde hallaremos todas nuestras respuestas. ¡Ya está Lendaac no hay más qué hablar! Ahora sí que tenemos otro motivo más para ir a Omacor y hallar respuestas acerca de nuestra verdadera familia, saber porqué ahora y por qué nosotros y lo más importante de todo si somos o no hermanos. Así que venga en marcha que me tienes que llevar a ese sitio.

– – –

Harlem siguió al sumo sacerdote, a Rai hasta una enorme sala, ambos se posicionaron delante de un pequeño altar de piedra el cuál poseía peculiares símbolos encima de él. Harlem dio un pequeño giro alrededor de él, hasta llegar a posicionarse al lado de Rai. De esta manera dio una pequeña vuelta para poder ver bien la sala por completo.

La sala era una estructura de piedra recubierta con estanterías de madera por todas las paredes que hacían la función de insonorizar la estancia a la vez que en ella se albergaba una de las mayores bibliotecas jamás vistas por Harlem.

En el techo de la estancia encontramos un gran artesonado decorado con pinturas de símbolos que todo apuntaba qué eran los símbolos que identificaban a cada una de las especies, en el centro del mismo se hallaba un gran escudo, sin duda era el escudo de la gran ciudad de Omacor.

A los laterales del altar encontrábamos dos globos terráqueos uno a cada lado, uno de ellos contenía el mapa de Omacor, con sus correspondientes distritos y al otro lado el globo terráqueo de la tierra, como era de imaginar.

Al posicionarse ambos frente al altar, Rai alzó los brazos y mediante un rápido movimiento se deslizó una pantalla digital como si hubiesen salido de sus manos. Rai retomó la conversación por donde la había dejado, le hizo un breve resumen de todo lo que le había contado para asegurarse qué lo había comprendido y por si tenía alguna duda.

– Bien Harlem, en este mapa digital te voy a posicionar exactamente cada uno de los distritos de los que se compone el país de Omacor.

Arriba a la derecha, en la parte noroccidental se encuentra Arvalantis, la ciudad presidida por los basiliscos pero en ella conviven todo tipo de reptiles como las nagas, hidras, serpientes obviamente, pero los reyes que gobiernan este distrito son los basiliscos. Esta zona plagada de humedales y pantanos, de clima húmedo resulta ser el hábitat idóneo para estas peculiares criaturas.

Al otro extremo, de manera perpendicular a Arvalantis, en la zona suroriental nos encontramos con Fernintia, tu tierra Harlem.

Esta zona es completamente opuesta a la ciudad de los arvalantianos, como te explicaba, aquí las temperaturas son mucho mayores, debido a que es tierra de fuego, sus extensas dunas y sus zonas rocosas y en ocasiones áridas esconden en su interior todo un paraíso, como ciudad mágica que es, en su interior alberga una ciudad nada árida con temperaturas oscilantes entre los 20ºC hasta los 37ºC, esa guarida os sirve de ciudad dormitorio mientras no os transformáis en fénix, ya que, no sé si lo sabrás pero la temperatura que puede soportar un fénix son extremadamente altas, se encuentran entre los 50ºC hasta poder alcanzar los 100ºC, realmente son temperaturas qué ningún humano puede soportar.

Pero como comprenderás, querida Harlem vuestro caso es especial, como todos los poderes qué poseéis, sois los seres fantásticos más poderosos de la faz de la tierra y si me permites, más allá incluso del inframundo, que es éste en el que nos encontramos. –Le miró Rai haciéndole un guiño de extrema complicidad. –

– ¿Por dónde iba? Ah sí, bien en el centro de la gran Omacor se sitúa la gran Menbat, que es precisamente donde nos hallamos ahora mismo, es la ciudad de los seres mágicos que rigen el orden de la naturaleza y las leyes divinas entre los distintos distritos. Menbat es la ciudad de las hadas, ninfas, elfos, dríades, brujos, brujas, sacerdotes, y magos. Aquí es donde se encuentra el gran oráculo, y desde él controlamos todas las amenazas y posibles altercados que se puedan suscitar entre las diferentes tribus.

En Menbat encontrarás – como habrás podido comprobar– un remanso de naturaleza, una ciudad idílica, donde predominan la arquitectura en piedra, grandes árboles con frondosas y grandes copas, cada habitante en Menbat tiene una función y ninguno de ellos es reemplazable.

Al lado de Arvalantis, en la parte nororiental, está la tierra de los dragones, la majestuosa, Draharka, en otro tiempo no muy lejano, eran ellos los que se ocupaban de toda la política que giraba entrono a Omacor, cuando todo era uno y no estaba dividida por distritos, ahora Draharka, o mejor dicho los dragones, son los guardianes de toda Omacor. Los dragones surcan los cielos del país y avistan desde las alturas los posibles peligros que se pudieran cernir en la capital, Menbat, qué sin ella Omacor, no habría llegado a ser lo que es ahora en la actualidad.

Draharka y su clima es muy parecido al de Fernintia por situarse prácticamente al lado de tu territorio, el clima también es árido y rocoso, pero las temperaturas nos son tan altas, ni una zona tan árida, debido a que las escamas de los jóvenes dragones necesitan del agua para poder nutrirlas, carece de árboles, y sus principales edificios son de roca roja, excavada de la gran montaña draconiana, roja como las escamas de los ancestrales dragones que surcaban los cielos. Aunque no debemos olvidarnos de los dragones dorados, dragones plateados, rojos, broncíneos, ocres, negros….todos ellos benévolos y malvados conviven en armonía en este hábitat.

Y por último, – me dejo lo mejor para el final – en la zona suroriental se encuentra Calendaac, la tierra de los licántropos, en ella habitan los hombres lobos, en una zona llena de frondosidad, sus grandes bosques ocupan casi todo el terreno a lo largo y ancho del distrito. Aquí las temperaturas son normales como las de la tierra, bueno la zona donde vosotros residíais, Nueva Jersey, en el periodo estival pueden llegar a los 30ºC y en invierno bajar hasta los -10ºC.

En Calendaac, bueno más bien en la gran mayoría de su extensión las construcciones son de materiales naturales, como la madera, son pequeñas construcciones, ellos no tienen el sentido del hogar tan desarrollado como nosotros. Todas las lunas llenas se convierten y van al bosque en busca de sustento para mantenerse durante el duro invierno. En las zonas limítrofes de los territorios que dan a la costa, es decir todos menos la capital, Menbat,  porque se halla en el centro, éstas comparten las zonas costeras: está la Costa de Draharnintia, Costa Lendintiana, y la Costa Arvalendatis.

Todos los distritos tienen bien definidos los límites de los mismos, ya que en tiempos anteriores, cuando la guerra se encontraba en pleno auge y el poder peligraba, por orden menbática, ninguno de los habitantes debía sobrepasar sus límites, si lo hacían las consecuencias serían peores.

– Espera un momento… ¿Has dicho que la última ciudad o distrito se llama Calendaac…? ¿No tendrá que ver esa ciudad con el chico que me encontré en la entrada? Si no recuerdo mal su nombre era…era… ¡Lendaac! ¡Es un licántropo!

– Veo que lo has ido pillando Harlem, ¿Ves como te decía qué conocía al chico con el que casualmente te chocaste a la entrada de Omacor? Tú y él tenéis más en común de lo que pensáis. – Harlem siguió mirándole con cara de incrédula, como todas las veces que le responde a una cosa, pero le deja con la duda de otras tantas.

–Rai puedes hacer el favor de despejarme todas las dudas y no crearme más, por favor. Gracias. Bien continuemos. Entonces yo hasta ahora me he criado en Menbat por lo que tengo entendido, pero mis orígenes están en Fernintia, pero si yo no he nacido en Fernintia, no soy una Ferni… ¿Cómo es el gentilicio?

– Fernitiense – contestó Rai, con un leve suspiro.

–Eso, ¿No soy una verdadera Fernitiense?

– Pues claro qué lo eres Harlem, que te hayas criado desde bebé en Menbat, no implica para que no hayas nacido en Fernintia, naciste en Fernintia, pero eran tiempos de incertidumbre y de guerra, la supremacía de los fénix se tambaleaba, te recuerdo que por aquel entonces aquella era la capital, y hartos de los disturbios en todos los distritos los Fernitienses hicieron lo correcto, otorgar a Menbat todos los poderes, político, religioso, económico y judicial para restaurar la paz en Omacor.

Todos los distritos acordaron qué Menbat debía ser la nueva capital del país, también debido a su enclave estratégico y con Daharka y los dragones en el norte surcando los cielos, cualquier peligro que avistasen lo detendrían a tiempo.

–Harlem ya se ha hecho muy tarde mejor mañana continuamos con la clase de historia omacoriense, si te parece, te noto algo cansada.

–Estoy bien la verdad, pero creo qué necesito descansar, tanta información junta, creo que me va a explotar la cabeza.

– Bien hasta mañana Harlem, qué descanses, Harold te acompañará a tus aposentos.

– Gracias Rai,  mañana continuamos – Harlem hizo una pequeña reverencia y se dirigió hacia la puerta.

                           – – – – – – –

Lendaac y Thressa mientras tanto se dirigieron hacia Darkfield, para que ambos encontraran respuestas a todas las preguntas que se habían aglutinado en su mente.

Al llegar a la entrada de Darkfield, estaba todo oscuro y tenebroso, pero al pisar el césped dentro del cercado del bosque, pequeños brotes de luminosidad emergieron de las hojas del césped. Entraron a toda prisa, teniendo en cuenta el desfase temporal existente qué Lendaac le había comentado anteriormente no se querían demorar mucho en encontrar respuestas.

Al entrar, en Omacor había anochecido, no había ni un alma por las calles de Menbat, todo estaba a oscuras, solo les quedaba buscar un lugar para quedarse a pasar la noche, y así a la mañana siguiente acercarse al gran oráculo y hablar con el sumo sacerdote.

Entraron en el primer edificio abierto que encontraron, fueron puerta por puerta, y la primera que cedió el pomo y abrió en esa se adentraron. Cual fue la sorpresa de Lendaac, que tras pasar el umbral de la puerta en aquella habitación se encontraría con la misteriosa chica con la que se golpeó a la salida de Omacor.

¿Vendría ella también a buscar respuestas? ¿Se acordaría de él nada más verle? ¿Qué reacción tendrá Harlem cuando le viese en su habitación y acompañado de otra chica?

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